🌎 Momentos memorables en Brasil

Las giras de Tita Parra por Brasil han sido mucho más que presentaciones musicales: han sido experiencias de transformación, encuentro y florecimiento humano. Desde su primera actuación en 1991 en el Memorial de América Latina, junto a Isabel y Ángel Parra, y Martinho da Vila, hasta sus conciertos más íntimos en teatros, festivales y centros culturales, Tita ha tejido lazos profundos con artistas y comunidades en todo el país.
Acompañada por su hijo Antar Parra, y junto a entrañables colegas como Arthus Fochi, Aline Gonçalves, Déa Trancoso, el Grupo Tarancon, el Sexteto Mundano, Monica Salmaso, Katya Teixeira y muchos otros, Tita compartió escenarios y afectos en ciudades como São Paulo, Rio de Janeiro, Minas Gerais, Salvador de Bahía, Fortaleza, Porto Alegre y São Luís do Maranhão.
Brasil no fue solo un destino artístico, sino también un espacio de resonancia vital, donde la música se convirtió en puente, refugio y celebración de lo humano.
Qué sería del mundo si no existiera Brasil? El corazón se expande en latidos al viento, al sol, los pájaros cantan tu nombre, los poetas inundan con sus cantos y sonrisas. Brasil deja el alma llena y el corazón pleno. El alma de Antar Parra, mi hijo, mi amado y entrañable amigo y compañero de rutas, dejó su cuerpo en esas orillas de playas con su corazón lleno de amor y gratitud. Brasil es nuestro hogar para siempre.
Organizar un gran concierto para la inauguración de la Feria del Libro de Ribeirão Preto con Antar, tras meses de preparación. Luego, viajar a São Luís do Maranhão para el Festival Vozes de Mestres, descubrir el Tambor de Crioula y sus playas llenas de reggae y rica cultura amazónica. Tomar un bus de 8 horas hacia Teresina, contemplando nubes y tierra roja salpicada de palmeras, para un concierto a dúo. Recorrer 400 km por Mato Grosso do Sul hasta el Festival América do Sul en dos ocasiones, y cantar en el Pantanal junto a mi mamá y Antar, después de Milton Nascimento, acompañado por mi banda chilena y brasileña. Son experiencias que llenan de gratitud por la vida, la música, la cultura, el amor y la fuerza divina que llevamos dentro.


Nuestro trabajo en Brasil alcanzó niveles muy profundos, recorriendo el circuito Dando Dercio Marquez. Aunque Antar ya no estaba físicamente, viajaba conmigo, acompañando mi duelo y brindándome consuelo en el silencio, con su mirada y su amor creciente. Así pude llegar hasta Alto Paraíso, Pirenópolis y Goiás, lugares extraordinarios. Cantando con mi guitarra y recorriendo el Circuito Cerrado, espacios de colores abiertos bajo un cielo azul claro, perfumados por la silueta de los frondosos y coloridos árboles de ipê.
Mi destino vital y musical se gesta en Brasil
No son solo las playas turísticas ni el imponente carnaval, ni el jolgorio eterno y mítico que la publicidad atribuye. Es la calidez cotidiana, las fiestas familiares y las comidas diarias, el andar tranquilo por las calles, la música que llena los mercados y ferias matutinas, el verdor que brota incluso en las paredes, la sencillez de la vida diaria de sus habitantes: dulce, acogedora, apacible, tierna y generosa. Todo ello se mezcla con un país enteramente musical, rítmico, melodioso, danzante y envolvente. Brasil vive en mi alma, y mi alma vive en Brasil.
